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miércoles, 7 de julio de 2010

125 AÑOS DEL NACIMIENTO DE BLAS INFANTE

Blas Infante, reconocido por el Congreso de los Diputados y el Parlamento de Andalucía como Padre de la Patria Andaluza, nació en Casares, provincia de Málaga, el 6 de julio de 1.885, en la calle Carrera número 46. Su padre, Luis Infante Andrade, era secretario del Juzgado de Casares y su madre, Ginesa Pérez de Vargas, procedía de una familia de labradores acomodados. Ayer martes 6 de julio se cumplían, pues, 125 años de su nacimiento. Infante es la figura fundamental y el referente ideológico del movimiento nacionalista andaluz.
 Su vida fue segada en el inicio de la Guerra Civil, fusilado durante la madrugada del martes 11 de agosto de 1936, en el contexto de la terrible represión desencadenada por Queipo de Llano en la capital hispalense tras la sublevación militar del 18 de julio. Días antes, un grupo de falangistas se lo llevaron de su casa en Coria del Río, cuando celebraba la onomástica de su hija María de los Ángeles, llevándolo al cuartelillo de Falange y al cine de la calle Jáuregui. Infructuosas fueron las gestiones realizadas por su esposa, María Angustias Parias, sobrina del gobernador sublevado, Pedro Parias. Sólo le dieron la pluma estilográfica, el anillo y el reloj de su esposo. El único pecado de este notario fue luchar por devolver a Andalucía y los andaluces su conciencia de pueblo.
Asesinaban, sin mediar juicio ni cargos en su contra, a un hombre bueno y honesto, cuyo único delito fue defender el derecho a una vida digna para los jornaleros, y haber dedicado su vida a profundizar en el conocimiento de nuestras raíces y la articulación de un sistema político tendente a la “liberación” del pueblo andaluz. En una pantomima deleznable, en 1940, ya acabada la guerra, un tribunal le condenó a muerte y a sus herederos a pagar una multa de dos mil pesetas.
Con el asesinato de Blas Infante, al que seguiría unos días después el de Federico García Lorca, las tropas franquistas acababan con dos símbolos emblemáticos de la cultura y la esperanza del pueblo andaluz, como símbolos, a través de la política, la cultura y la palabra, de liberar a nuestra tierra del secular sometimiento al que había estado sometida.
 Blas Infante defendía, desde 1915 en que publicó su obra “El Ideal Andaluz”, un cambio radical del sistema político, con la consecución de una efectiva autonomía regional y municipal, así como una firme y profunda reforma en la propiedad de la tierra. No en vano siempre tuvo presente la penosa vida de los jornaleros, con los que convivió en su niñez en Casares; lo cuenta en Ideal Andaluz: “Yo tengo clavada en la conciencia, desde mi infancia, la visión sombría del jornalero. Yo le he visto pasar su hambre por las calles del pueblo, confundiendo su agonía con la agonía triste de las tardes invernales”.
Cuando se cumple el 125 aniversario de su nacimiento, se hace necesario reivindicar la figura y trayectoria de Blas Infante. Obviamente no para levantar viejas polémicas entre vencedores y vencidos de aquella fratricida Guerra Civil, ni como excusa para sacar a pasear los cadáveres de nuestros antepasados, ni utilizar de manera sesgada o partidista la memoria histórica.
El objetivo es que su vida y obra sean conocidas por todos, que deje de ser patrimonio de nadie para convertirse en un símbolo para todos. Máxime en un contexto de pérdida de las señas de identidad nacionalista, con un partido andalucista agonizante y sin otro referente que la desaparición, y un movimiento nacionalista disgregado y desencantado, que sólo mantiene el germen del municipalismo como punto de referencia y sentimiento identitario. En ese contexto sobrevive Convergencia Andaluza, a modo de oasis en el páramo desolador del nacionalismo andaluz.
Es imprescindible asumir la conciencia crítica de don Blas, su espíritu reivindicativo, su esfuerzo por conocer las raíces y la forma de ser de nuestro pueblo; y ello a pesar de la permanente incomprensión y escasas satisfacciones que jalonaron su vida.

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